El riesgo de convertirnos en marcas grises

La facilidad para producir mensajes vuelve más necesaria una identidad propia. Una reflexión a partir de Los padrinos mágicos.

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Personajes de Los padrinos mágicos convertidos en figuras grises e iguales en una ciudad.
Fotograma de Los padrinos mágicos.

Hay un episodio de Los padrinos mágicos en el que todos terminan convertidos en figuras grises e iguales. La imagen sirve para pensar algo que está pasando con la comunicación de muchas marcas. Cambian los nombres y los colores, pero las publicaciones podrían pertenecer a cualquiera.

La inteligencia artificial puede acelerar esa uniformidad cuando se usa para resolver una pregunta que la empresa todavía no se hizo: qué tiene para decir y desde qué lugar quiere decirlo. Ante una consigna general, aparecen respuestas generales. El resultado puede estar bien escrito y, al mismo tiempo, no expresar ninguna posición reconocible.

Una identidad que se pueda reconocer

En comunicación, la identidad se construye mediante decisiones. Qué temas elegimos, qué palabras usamos, qué situaciones conocemos y qué promesas podemos sostener. Una marca empieza a distinguirse cuando esas decisiones tienen relación entre sí y con su trabajo cotidiano.

Pensemos en dos emprendimientos que elaboran un mismo tipo de producto. Uno podría hablar del cuidado de una tradición familiar; otro, de cómo adapta ese producto a una necesidad actual. Ambos pueden hacerlo con honestidad. Si terminan publicando la misma frase sobre excelencia e innovación, pierden la oportunidad de explicar una diferencia que ya existía.

El posicionamiento ayuda a ordenar esa elección: qué lugar queremos ocupar para una persona y por qué tendría sentido que nos lo reconozca. Requiere conocer alternativas, escuchar dudas y encontrar una relación concreta entre lo que hacemos y lo que alguien necesita. Esas definiciones orientan el contenido antes de escribirlo.

Decidir antes de producir

La IA puede colaborar con ese proceso. Puede ofrecer versiones, señalar repeticiones o ayudar a explicar una idea. Para evaluar su respuesta, hace falta tener una referencia propia. De lo contrario, la corrección del texto termina reemplazando a la claridad de la intención.

Tampoco alcanza con buscar una rareza para llamar la atención. Una voz forzada puede ser tan intercambiable como una frase de catálogo. La diferencia que vale la pena comunicar tiene que poder reconocerse cuando alguien consulta, compra o trabaja con nosotros.

La escena de las figuras grises deja una pregunta útil para cualquier emprendimiento: si tapamos nuestro nombre en una publicación, ¿queda algo que permita reconocernos? La respuesta puede ayudarnos a revisar el contenido y, sobre todo, las decisiones de marca que deberían darle sentido.

¿Querés trabajar estas ideas en tu marca? Conocé cómo podemos ayudarte.

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